El Forastero Misterioso
El Forastero Misterioso Se me ocurrió una pregunta, y él se giró hacia mí y la contestó:
—Tengo dieciséis mil años, contando como lo hacéis vosotros.
Luego se volvió hacia Nikolaus y dijo:
—No, la Caída no me afectó; ni a mí ni al resto de la familia. Sólo a aquel con el que comparto nombre, ese que comió la fruta del árbol prohibido y luego sedujo con ella al hombre y a la mujer. Los demás seguimos sin conocer el pecado: no podemos cometerlo. Somos intachables y siempre permaneceremos así. No…
Dos de los hombrecitos discutían y, con el zumbido de sus vocecitas de abejorro, se maldecían y juraban; después vinieron los golpes y la sangre; luego se enzarzaron en una lucha a vida o muerte. Satán alargó la mano y los mató aplastándolos entre sus dedos, los lanzó lejos, se limpió la sangre de los dedos con su pañuelo, y continuó la frase donde la había dejado:
—No podemos hacer el mal; tampoco tenemos tendencia a hacerlo, porque no sabemos qué es.