El Forastero Misterioso
El Forastero Misterioso Una pequeña nube de tormenta comenzó a instalarse, negra, sobre el castillo, los rayos y truenos en miniatura empezaron a hacer de las suyas, y la tierra a temblar, el viento a soplar y resollar, la lluvia a caer, y la gente, en tropel, se metió en el castillo en busca de refugio. La nube era cada vez más negra e impedÃa ver el castillo con claridad; los rayos no dejaban de relampaguear: atravesaron el castillo y le prendieron fuego; las llamas brillaban rojas, abrasadoras, a través de la nube, y las personas salÃan disparadas, soltando alaridos, pero Satán las empujaba de nuevo adentro, sin hacer caso de nuestras súplicas, llantos y ruegos; y en medio de los bramidos del viento y las descargas de rayos y truenos, el polvorÃn saltó por los aires, el terremoto abrió una grieta en la tierra, y los restos ruinosos del castillo se precipitaron al abismo, que se los tragó y se cerró después, llevándose tantas vidas inocentes: ninguna de aquellas quinientas pobres criaturas logró escapar. Estábamos destrozados; no podÃamos dejar de llorar.
—No lloréis —dijo Satán—, no valÃan nada.
—¡Pero se han ido al infierno!
—Eso no importa. Podemos crear muchos más.