El Forastero Misterioso
El Forastero Misterioso Levantamos la mirada y vimos al padre Peter, que se acercaba entre los castaños. Los tres estábamos sentados juntos, sobre la hierba, y Satán frente a nosotros, en el sendero. El padre Peter avanzaba despacio, con la cabeza gacha, pensando; se detuvo a un par de metros de nosotros, se quitó el sombrero, sacó su pañuelo de seda y se quedó allÃ, enjugándose el rostro; parecÃa que iba a hablarnos, pero no lo hizo. Al final murmuró: «No sé qué me ha traÃdo hasta aquÃ. Me parece que estaba en mi estudio hace un minuto, pero supongo que llevaré una hora con mis ensoñaciones y habré recorrido todo el camino sin darme cuenta; y es que en estos tiempos difÃciles ya no soy el que era». Luego continuó adelante, mascullando para sÃ, y atravesó a Satán como si allà no hubiera nada. Al verlo, contuvimos el aliento. Sentimos el impulso de gritar, como casi siempre hacemos cuando ocurren cosas sobrecogedoras, pero misteriosa mente algo nos lo impidió y permanecimos callados, aunque con la respiración acelerada. Cuando los árboles ya ocultaban al padre Peter, Satán habló:
—Os lo dije: sólo soy un espÃritu.
—SÃ, ahora lo hemos entendido —dijo Nikolaus—, pero nosotros no somos espÃritus. Ha quedado claro que a ti no te vio, sin embargo ¿nosotros también éramos invisibles? Nos miró pero pareció no vernos.
—No, no podÃa ver a ninguno de nosotros, porque yo deseé que asà fuera.