El Forastero Misterioso
El Forastero Misterioso —No tiene importancia, muchacho. Es sólo que me fijé en la discrepancia. Han pasado varios dÃas y no se os puede pedir que os acordéis con precisión. Es fácil ser inexactos cuando ninguna circunstancia especial ha hecho que se os quede grabado el recuento del dinero.
—Pero sà que hubo una, señor —dijo Seppi, ansioso.
—¿Y cuál fue, hijo mÃo? —el astrólogo preguntó como si nada.
—Primero, todos contamos los montones de monedas, de uno en uno, y a todos nos dio lo mismo: mil ciento seis. Pero yo me habÃa guardado una, por hacer la broma, al principio del recuento, y al final la saqué y dije: «Creo que nos hemos equivocado, hay mil ciento siete; contemos de nuevo». Lo hicimos y yo tenÃa razón, claro. Todos se quedaron atónitos. Entonces les expliqué lo que habÃa pasado.
El astrólogo nos preguntó si habÃa sido asà y nosotros se lo confirmamos.
—Pues no hay más que hablar —dijo—. Ya sé quién es el ladrón. Muchachos, el dinero fue robado.