El Forastero Misterioso
El Forastero Misterioso Entonces nos vio y se asustó; me hizo señas para que me acercara, fui y ella me preguntó si le habÃamos hablado de la gata. Le dije que no y sintió alivio. Me pidió que no lo hiciéramos porque si la señorita Marget se enteraba, pensarÃa que se trataba de una gata del infierno, mandarÃa llamar a un sacerdote para que purificase sus dones y se quedarÃan sin rentas. Le prometà no decir nada y con eso le bastó. Empecé a despedirme de Marget, pero Satán me interrumpió y dijo, siempre tan cortés… bueno, no recuerdo las palabras exactas, pero más o menos se invitó a quedarse a cenar, y a mà también. Por supuesto, Marget se sintió terriblemente turbada, porque no tenÃa motivos para pensar que hubiese cena ni para alimentar a un pájaro enfermo. Ursula lo oyó y entró en la sala, nada contenta. Al principio se quedó atónita al ver a Marget tan sana y sonrosada, y lo dijo; luego habló en su lengua nativa, que era el bohemio, y, según me enteré después, dijo:
—Decidle que se marche, señorita Marget; no tenemos bastantes vituallas.
Antes de que Marget pudiese hablar, Satán tomó la palabra y contestó a Ursula en su propia lengua, lo cual la sorprendió; y a su ama también. Le dijo:
—¿No te vi hace un rato en el camino?
—SÃ, señor.