El Forastero Misterioso
El Forastero Misterioso —Me halaga, veo que me recuerdas. —Se acercó a ella y le susurró—: Te dije que era una gata de la suerte. No te preocupes; ella proveerá.
Esas palabras arrastraron consigo cualquier ansiedad que pudiera embargar a Ursula y en sus ojos brilló una sonrisa intensa y financiera. El valor de la gata aumentaba. Marget no podÃa hacer otra cosa que contestar a la invitación de Satán, y lo hizo como mejor sabÃa, con esa honestidad innata en ella. Dijo que tenÃa poco que ofrecer, pero que serÃamos bienvenidos si querÃamos compartirlo con ella.