Juana de Arco
Juana de Arco Juana alzó la mano y dijo:
—Eso no era un sueño.
Noté un sobresalto y empecé a sentir miedo otra vez.
—¿Cómo? ¿No era un sueño? —pregunté—. Y ¿cómo lo sabéis, Juana?
—¿Estáis soñando ahora? —siguió Juana.
—Yo… me parece que no… Creo que no.
—Desde luego que no —aclaró la joven—. Yo estoy segura de que no. Y no soñabais cuando hicisteis esa marca en el árbol.
Se apoderó de mà un terror frÃo, al darme cuenta de que no habÃa estado soñando, sino que tuve la oportunidad de contemplar un milagro propio del mundo sobrenatural. Recordé entonces que mis pecadores pies estaban pisando suelo sagrado, el mismo suelo en que aquella imagen celestial habÃa descansado. Me aparté bruscamente, a impulsos de un miedo que me llegaba hasta los huesos. Juana se dio cuenta y me calmó.
—No debéis temer nada. De verdad, no hay ningún motivo para ello. Venid conmigo. Nos sentaremos al lado del manantial y os contaré todo el misterio.
Cuando se disponÃa a comenzar su explicación, la interrumpà diciendo:
—Pero antes decidme esto. No fue posible que me vierais en el bosque… entonces, ¿cómo sabéis que hice una señal en un árbol?