Juana de Arco
Juana de Arco —¿De verdad? ¿Y cuándo decÃs que ocurrirá todo eso?
—El año próximo será coronado el DefÃn, como Rey, y después se mantendrá como Señor de Francia.
A estas palabras sucedió una explosión general de risas, y una vez acalladas, el gobernador preguntó a Juana:
—¿Y quién os ha enviado con estos mensajes tan extravagantes?
—Me envÃa mi Señor —afirmó Juana.
—¿Qué Señor?
—El Rey de los Cielos.
Muchos murmuraban diciendo: «¡Ah, pobre niña, pobre niña!», mientras otros exclamaban: «Ah, su mente está dañada». Mientras, el gobernador hizo un gesto a Laxart de que se acercase, y le dijo:
—¡Escúchame bien! Llévate a esta niña loca a casa y dale una buena tanda de azotes. Creo que será la mejor medicina para su dolencia.
Al oÃr esto, Juana se disponÃa a salir, pero antes, se volvió y dijo con serenidad:
—Os negáis a facilitarme soldados y no sé la razón, puesto que ha sido mi Señor quien asà lo manda. SÃ, ha sido Él quien ha pronunciado la orden, de modo que insistiré una vez y otra vez, hasta que acabe por disponer de los hombres armados que solicito.