Juana de Arco
Juana de Arco —Bueno, ahora dinos, ¿cuál es tu mensaje, hija mÃa?
—Mi mensaje va destinado a vos, Roberto de Baudricourt, como gobernador de Vaucoleurs, y es el siguiente: es preciso que hagáis llegar emisarios al DefÃn, rogándole que espere y no presente batalla a sus enemigos, puesto que Dios le enviará ayuda dentro de poco.
El contenido de estas frases desconcertó a los presentes, haciendo murmurar a algunos de ellos: «La pobre niña está loca».
El gobernador, por su parte, frunció el ceño y preguntó:
—¿Pero qué disparates son ésos? El Rey —o el DelfÃn, como vos le llamáis— no necesita ninguna recomendación de esa clase. Esperará… por eso no os preocupéis. Bien, y ¿qué más deseáis decirme?
—Esto. Solicitar de vos que me proporcionéis una escolta de hombres armados y que me enviéis al DelfÃn.
—¿Para qué? —deseó saber el gobernador.
—Pues para que me nombre generad suyo. Está escrito que yo arrojaré de Francia a los ingleses y ceñiré la corona sobre las sienes del Rey.
—Pero ¿qué decÃs? ¡Si vos no sois más que una niña!
—Sin embargo, se me ha ordenado que realice estas cosas.