Juana de Arco
Juana de Arco El gobernador quedó admirado por esta forma de hablar, y respondió:
—Pero, hija mÃa, decÃs que hoy mismo, hoy, hemos sido derrotados. ¿Cómo podéis saber lo que habrá ocurrido hoy en esa región? La noticia de lo que allà suceda hoy, tardará al menos ocho o diez dÃas en llegar a nosotros.
—Mis Voces me lo han advertido, y es cierto. Hoy se ha perdido una batalla y hacéis mal en retenerme aquà inactiva.
El gobernador, nervioso, paseó de un lado a otro, sin rumbo, hablando para sà y dejando oÃr a veces fuertes juramentos, hasta que, por fin, exclamó:
—Escuchadme. ¡Id en paz y aguardemos! Si resulta cierto lo que anunciáis, os daré una carta y os enviaré al Rey. Pero no lo haré si esto no fuera asÃ.
Juana respondió con redoblado fervor:
—¡Alabado sea Dios! porque estos dÃas de espera casi han llegado a su fin. Dentro de nueve dÃas, me daréis esa carta.