Juana de Arco
Juana de Arco Y, no obstante, Juana nunca había ido a la escuela, ni recibido ningún tipo de formación en toda su vida. Yo estaba admirado al comprobar los conocimientos de que disponía Juana. Me quedé muy sorprendido, aunque pensé que, seguramente, sus Voces le habrían proporcionado esa increíble sabiduría. Pero al reflexionar, después, me di cuenta de que no era eso. Al mencionar Juana en sus conversaciones datos que le habían revelado distintas personas, recordé que muchas veces preguntaba cosas, con gran habilidad y diligencia, a la multitud de forasteros que la visitaban, de los cuales había obtenido su amplio repertorio de valiosas informaciones. Los dos caballeros se encontraban asombrados ante la sagacidad y el buen sentido que estaba demostrando Juana, cuidando hasta los menores detalles.
Nos ordenó que nos preparáramos a viajar de noche y dormir durante el día en lugares ocultos, ya que la mayor parte del trayecto, que habría de ser largo, iba a transcurrir a través de territorio dominado por el enemigo. También insistió en que no reveláramos a nadie la fecha de nuestra partida, con el fin de pasar inadvertidos. De no hacerlo así, la gente del pueblo acudiría a despedirnos con gran entusiasmo y fiesta, lo cual pondría en guardia al enemigo que permanecería al acecho, dispuesto a capturarnos en algún lugar propicio. Para terminar, Juana dio sus últimas instrucciones: