Juana de Arco
Juana de Arco —Buena noticia. Si sabéis eso con certeza, entonces no importa la tardanza, capitán. Pero ¿podéis asegurarlo? ¿Cómo lo supisteis?
—Porque la he visto.
—¡Cómo! ¿La habéis visto? ¿A la propia Doncella?
—Si, he estado en su campamento.
—¡Es posible!… Capitán Raymond, os ruego me disculpéis haberos hablado en mal tono hace un momento. El vuestro ha sido un valeroso y admirable servicio. ¿Y dónde se encuentra acampada?
—En el bosque, apenas a una legua de aquÃ.
—¡Bueno! Me temÃa que se nos hubiera adelantado y estuviéramos a sus espaldas, pero ahora que sabemos que ella se encuentra a las nuestras, todo se ha salvado. Ya puede considerarse prisionera. Ha caÃdo en la trampa. La colgaremos… La colgaréis vos mismo. Nadie ha ganado con mayor derecho el privilegio de acabar con esa pestilente criatura de Satanás. No sé cómo daros las gracias debidamente. Si la atrapamos, yo la… ¡SÃ!, me cuidaré de todo, no os preocupéis. Lo único que deseo es echarle la vista encima, para ver cómo es ese demonio que ha sido capaz de hacer tanto ruido. Luego… vos y el verdugo podéis encargaros de ella. ¿Cuántos hombres la acompañan?
—Solamente conté diez y ocho, pero puede que tuviera algunos más fuera de la columna.