Juana de Arco
Juana de Arco Es cierto que Juana hubo de soportar todo tipo de impedimentos y obstáculos, pero ahora, cuando ya se la recibÃa en audiencia real, le dedicaban los honores reservados solamente a los más altos personajes. Junto a la puerta de entrada se situaban cuatro heraldos alineados en fila, vestidos con espléndidas libreas, provistos de largas y finas trompetas de las que colgaban banderas cuadradas de seda con las armas de Francia. Al pasar Juana y el conde de Vendôme, las trompetas entonaban, con maravillosa sintonÃa, un sonido largo y profundo, que se repetÃa cada vez que la comitiva avanzaba cincuenta pasos hacia el espacio donde se encontraba el trono. Las notas musicales se repitieron seis veces en total. Su vibración hizo que nuestros dos caballeros se sintieran contentos y orgullosos, manteniéndose erguidos y con paso marcial, cobrando su porte un aire noble y sereno. La verdad es que no esperaban los honores que se le dispensaban a nuestra Doncella, tan frágil y de origen humilde.