Juana de Arco
Juana de Arco Juana caminaba un paso detrás del conde, y nosotros un poco más distanciados de Juana. Nuestra solemne marcha terminó cuando llegamos a unos ocho o diez pasos del trono. En ese momento, el conde hizo una profunda reverencia, pronunció el nombre de Juana y tras inclinarse de nuevo fue a ocupar su sitio junto a un grupo de oficiales, cerca del trono. Yo sólo tenÃa ojos para mirar al personaje coronado, hasta el punto de quedar suspendido de admiración. En cambio, el interés de todos los demás permaneció fijo en la figura de la Doncella que despertaba un asombro próximo a la adoración. El gesto de sus caras parecÃa decir: ¡Qué dulce, sencilla y amable, qué finura de espÃritu…! Los labios entreabiertos y sin habla, revelaron que todas esas ilustres damas y nobles caballeros sólo se mostraban preocupados por la imagen de Juana, perdiendo la noción de lo que les rodeaba. TenÃan el aspecto de seres que se hallan sometidos al influjo de una visión.
Al cabo de algún tiempo fueron volviendo a la realidad, pasado el asombro inicial, de la misma manera que se sale de un sueño. Inmediatamente después, renovaron su atención a Juana, pero esta vez movidos por un interés distinto. La miraban con curiosidad, como aguardando su reacción ante algo que estaba a punto de ocurrir y cuyo desenlace ellos no conocÃan. Centraron sus ojos en Juana y observaron los gestos de la muchacha.