Juana de Arco
Juana de Arco —Os estuve observando durante la marcha. Comenzasteis mal, pero luego todo fue mejor. Desde siempre fuisteis un orador fantástico, pero hay en vos un hombre cabal y yo lo haré salir —era conmovedor observar cómo se iluminaba el rostro de El PaladÃn al oÃr estas palabras—, Juana continuó: ¿Me seguiréis a donde yo os conduzca?
—¡Hasta a las llamas! —contestó él.
Yo me dije: Tal como van las cosas, creo que ella ha convertido a este fanfarrón en un héroe. Es otro de sus milagros. Sin duda.
—Yo os creo —continuó Juana—. Tomad. Aquà está mi bandera. Cabalgaréis a mi lado en todas las campañas y cuando Francia haya sido liberada, me la devolveréis.
Tomó la bandera, que es ahora una de las más valiosas reliquias de Juana de Arco y con voz temblorosa de emoción, dijo:
—Si alguna vez traiciono esta confianza, mis camaradas aquà presentes sabrán pedirme cuentas y hacer justicia. Asà se lo encargo, sabiendo que no dejarán de cumplirlo.