Juana de Arco
Juana de Arco —¡Cómo! La Hire… —exclamó Noel— ¡Nuestro héroe de juventud! Me gustará ver a ese hombre…
—A mà también. Su nombre me impresiona igual que cuando era niño.
—Quiero oÃrle jurar.
—Por supuesto. Es tan franco y abierto como ingenuo, primitivo. Una vez le llamaron la atención por dedicarse al pillaje en una incursión y contestó que eso no tenÃa importancia. Le considero el hombre adecuado para ejercer el mando provisional en Blois. Juana ha demostrado al elegirlo que tiene esos ojos que ven. ¿Sabéis?
—Y esta conclusión nos devuelve al principio de nuestra charla. Tengo gran cariño a PaladÃn. Y no sólo porque es un buen chico, sino porque yo he contribuido a moldear su carácter. Le he hecho un tremendo fanfarrón y el cristiano más embustero del reino. Me alegra su suerte, pero no tengo ojos que ven. Nunca le habrÃa elegido para el puesto más comprometido del ejército. Lo habrÃa destinado a retaguardia, para rematar heridos y transportar a los muertos.