Juana de Arco
Juana de Arco —Bien… ¡qué voy a decir! Ya veremos. Juana sabe mejor que nosotros cómo es PaladÃn. Y tened en cuenta una cosa. Cuando una persona en las circunstancias de Juana de Arco, le dice a un hombre que es valiente, este se lo cree y el creerlo es suficiente. Ocurre que si uno se cree valiente, acaba por serlo. Eso es lo único que importa.
—Ahora lo habéis dicho —exclamó Noel—. Ella tiene capacidad de crear con la palabra, lo mismo que sus ojos ven. ¡SÃ!, ¡eso es! Francia estaba acobardada y era cobarde. Juana de Arco ha hablado, y Francia camina ahora con la cabeza alta.
Sin apenas quererlo, Noel y yo habÃamos comprendido las claves del éxito de la misión de Juana.
Fui requerido luego para tomar nota de una carta que me dictarÃa Juana. Los dÃas siguientes pasaron con muchos trabajos que debÃamos ultimar. Los sastres preparaban nuestros vestidos y los herreros las armaduras. TenÃamos buen aspecto con nuestros atavÃos tanto de guerra como de paz. Con sus lujosas ropas, el PaladÃn aparecÃa como iluminado por las glorias de una puesta de sol. Emplumado, ceñido y armado para la guerra, resultaba aún más espectacular.