Juana de Arco
Juana de Arco Se dictaron las órdenes para organizar la marcha hacia Blois. La mañana era clara, limpia y hermosa. Cuando nuestra compañía trotaba en columna de a dos, ofrecíamos un vistoso espectáculo, con Juana y el duque de Alençon en cabeza, seguidos por D’Aulon y el abanderado. Mientras nos abríamos paso entre la agitada multitud, con Juana saludando con su cabeza a izquierda y derecha, y el sol reflejado en su coraza de plata, el pueblo tenía conciencia de que se levantaba ante sus ojos el telón del primer acto de un asombroso drama. Sus esperanzas iban en aumento cada día que pasaba, tal como era evidente, a juzgar por la intensidad creciente de los vítores.
En la calle se escuchaban los acordes musicales que acompañaban a la tropa de lanceros en marcha, reflejando sus armaduras el sol con luz suave, que brillaba con más fuerza en las aguzadas puntas de sus lanzas. Estos hombres formaban nuestra guardia de honor, y llegaron hasta el lugar donde nos encontrábamos hasta que la comitiva quedó completa. La primera acción de guerra capitaneada por Juana acababa de iniciar sus primeros pasos. Se levantaba el telón.