Juana de Arco
Juana de Arco Al aparecer La Hire, quedó sorprendido visiblemente por la belleza y la juventud de Juana. Al mismo tiempo, la sonrisa alegre de la joven demostraba que estaba feliz al tener la ocasión de conocer al héroe de su infancia. La Hire se inclinó profundamente, con su yelmo en la enguantada mano, y pronunció unas palabras algo rudas, pero sinceras, sin apenas juramentos intercalados. Desde el primer momento quedó claro que los dos congeniaron inmediatamente.
La visita protocolaria finalizó pronto y los oficiales se retiraron. La Hire se quedó charlando amistosamente con Juana, riendo juntos, como dos buenos amigos. Después, ella le dio las primeras instrucciones militares sobre el campamento, dejando en suspenso el ánimo del viejo soldado. Nada menos que, para empezar, ella le ordenó que todas aquellas mujeres licenciosas deberían abandonar el lugar rápidamente, y que no permitiría a ninguna permanecer allí. Luego indicó la necesidad de acabar con las incesantes juergas, restablecer la disciplina desterrando el desorden, y restringir la bebida al mínimo indispensable. Y, para terminar, culminó la lista de novedades con la última, que casi proyecta a La Hire fuera de su armadura: