Juana de Arco
Juana de Arco «Al Rey de Inglaterra, y a vos, duque de Bedford, que os llamáis vos mismo regente de Francia. A William de la Pole, conde de Suffolk y a vos, Thomas Lord Scales, que os tituláis tenientes del citado Bedford, os pido: haced justicia al Rey de los Cielos. Entregad a la Doncella enviada por Dios las llaves de las nobles ciudades que habéis tomado y usurpado en Francia. La Doncella ha sido enviada aquí por Dios para restaurar la verdadera sangre del Rey. Está dispuesta a firmar la paz, si aceptáis hacerle justicia devolviendo a Francia lo que habéis capturado y los réditos por lo que habéis retenido. Y vosotros, arqueros, compañeros de milicia, nobles y plebeyos, que rodeáis la noble ciudad de Orleáns, marchaos a vuestra propia tierra, en el nombre de Dios, o de lo contrario, estad seguros de que la Doncella, para desgracia vuestra, os saldrá al encuentro muy pronto. Rey de Inglaterra, si no hacéis lo que os pido, como Jefe del Ejército que soy, donde quiera que halle a vuestra gente en Francia, la arrojaré de grado o por fuerza. Si no obedecen, todos serán exterminados, pero si obedecen, se les concederá el perdón. He venido aquí según la Voluntad de Dios, Rey de los Cielos, para echaros uno a uno de Francia, luchando contra los que traicionaron y arruinaron el reino. No penséis que vais a sustraer nuestro Reino al poder del Rey de los Cielos, el Hijo de Santa María. El Rey Carlos mandará en ella, pues Dios así lo quiere y así lo ha revelado a través de la Doncella. Si no creéis en las palabras de la Doncella, allá donde os encontréis, os atacaremos audazmente y levantaremos un clamor tan grande como nunca lo ha habido en Francia durante los últimos años. Estad seguros de que Dios concederá a la Doncella más fuerzas de las que vosotros podéis reunir en cualquier guerra contra ella y sus nobles soldados. Entonces se verá quién tiene el mejor derecho, si es el Rey de los Cielos o sois vos, Duque de Bedford. La Doncella os ruega que no atraigáis sobre vos vuestro propio exterminio. Si le hacéis justicia, aún tendréis ocasión de acompañarla al lugar donde los franceses realizarán la mayor hazaña que jamás se haya hecho en la Cristiandad, pero si no, seréis recordado muy pronto por vuestros graves errores».