Juana de Arco
Juana de Arco A eso de las once de la noche, les acompañamos a sus padres y a ella hasta la habitación hechizada, llevando candiles y antorchas para situarlas en los soportes de las paredes. La casa era grande, con muros muy gruesos, y la habitación fantasmal estaba en un extremo, desocupada desde hacía muchos años debido al temor que inspiraba. Se trataba de una sala amplia, provista de una mesa de gran tamaño, de roble viejo y bien conservada. Las sillas, en cambio, parecían apolilladas y los tapices de las paredes carcomidos y descoloridos por los años. Las telarañas del techo, por su tamaño y polvo acumulado, aparentaban por lo menos un siglo de antigüedad.
Catalina explicó:
—La tradición familiar confirmaba que estos fantasmas nunca fueron vistos, sólo se les ha oído. Creemos que esta habitación había sido más grande, y hace algún tiempo se levantó una pared, que podría ser ésa del extremo, con el fin de habilitar una salita más pequeña. Pero si existiera —lo cual puede ser cierto casi con toda seguridad—, no tendría ni puerta, ni luz ni aire, sino que sería un calabozo sin comunicación exterior. Así que aguardad aquí y observad lo que vaya a ocurrir.