Juana de Arco
Juana de Arco —¡Vamos a derribar esa pared y a liberar a esos cautivos! ¡Enano, golpead aquà con vuestra hacha!
El aludido se lanzó hacia delante, enarbolando su enorme hacha con las dos manos, mientras le iluminábamos con las antorchas, y con tremendos mandobles, los viejos ladrillos se vinieron abajo, abriendo un boquete de buen tamaño. Pasamos a través de él y levantamos las antorchas. ¡Allà no habÃa nada! ¡Sólo el vacÃo! En el suelo se veÃa una herrumbrosa espada y un trapo apolillado. Y eso fue todo. Ahora ya sabéis tanto como yo. Tomad estos datos y componed con ellos el romance de los huéspedes largo ha desaparecidos en aquel calabozo.