Juana de Arco
Juana de Arco Se olvidó de la herida. Dio orden de avanzar y mandó al oficial artillero disparar cinco cañonazos en rápida sucesión. Esta era la señal convenida para que las fuerzas de La Hire, situadas en la orilla de Orleáns, lanzaran un ataque sobre Las Tourelles, por el lado del puente. La orden debería producirse cuando Juana estuviera segura de que el baluarte se encontraba a punto de caer en sus manos.
Juana montó en su caballo y rodeada por su escolta se dirigió hacia la batalla. Cuando nuestros soldados la vieron llegar, lanzaron un grito ensordecedor y se mostraban ansiosos de asaltar nuevamente el baluarte. Juana cabalgó directamente hacia la muralla donde recibió la herida, y allí mismo, bajo una lluvia de dardos y flechas, ordenó al Paladín que enarbolara al viento su largo estandarte y que le avisara cuando sus flecos rozaran el muro de la fortaleza. Al poco rato, dijo:
—Ya tocan.
—Bueno, pues ahora —ordenó Juana a los batallones que aguardaban— el baluarte es vuestro… ¡Entrad! ¡Clarines, llamad al asalto! ¡Ahora!… ¡Todos a una!… ¡Atacad!