Juana de Arco
Juana de Arco Pronunció estas caritativas palabras y lloró con sentimiento, a pesar de que uno de aquellos hombres la había insultado con groseras expresiones sólo porque Juana les conminó a rendirse. Era el oficial inglés Sir William Glasdale, un caballero muy valeroso. Revestido de acero como iba, se hundió en el agua del río como una lanza y no volvió a salir nunca más.
No tardamos en restablecer este puente, ahora para utilizarlo nosotros en persecución de los huidos, dispuestos a conquistar la última plaza fuerte en poder de los ingleses, que aislaba la ciudad de Orleáns del territorio francés y le impedía recibir víveres y asistencias. Antes de que se ocultara el sol los planes de Juana se cumplieron: su estandarte flotaba en lo alto de la fortaleza de Las Tourelles: sus promesas se convirtieron en realidad: ¡Había levantado el asedio a Orleáns!
El sitio, que duró siete meses, había concluido. Lo que los más valientes capitanes de Francia consideraron imposible ya era un hecho. Pese a todos los esfuerzos de ministros y consejeros del Rey, dispuestos a cerrar el paso a Juana, la doncellita aldeana cumplió su misión. ¡Y lo hizo todo en cuatro días!