Juana de Arco
Juana de Arco La diversión de los chicos tomó nuevos rumbos. Para los más pequeños, los siete meses de cerco, encerrados en sus casas, eran casi una vida. Olvidaron el color de la hierba, que ahora se les presentaba, abundante, en los verdes prados de las afueras de Orleáns. Era un goce para ellos disponer de campo abierto donde correr y danzar, retozar por el césped y jugar, después de tan aburrido y triste cautiverio. Ahora recorrÃan los extensos campos a los dos lados del rÃo y regresaban a sus hogares por la tarde, cansados y con las manos llenas de flores silvestres, las mejillas coloreadas por el aire fresco y el vigoroso ejercicio.
Apagados los incendios, las personas mayores acompañaron a Juana en su recorrido de acción de gracias por las iglesias de la ciudad. Por la noche se celebraron grandes festejos dedicados a Juana, a sus generales y soldados, en los que el regocijo se hizo extensivo a todos, civiles y militares. Finalmente, mientras el pueblo descansaba de sus fatigas, al amanecer, partimos a caballo en dirección a Tours para informar al Rey de las jubilosas novedades.