Juana de Arco
Juana de Arco Una tarde de ese invierno, nos encontrábamos todos en casa de los Arco —fue el invierno al que durante muchos años después se recordó con el nombre de «el invierno duro»—. Además era aquella una noche especialmente cruda. Fuera, la tempestad rugÃa y el aullido del viento resultaba excitante, y hasta hermoso, pues siempre me ha parecido grande, magnÃfico y bello escuchar la furia del viento y oÃr los clarines del huracán desencadenado al mismo tiempo que uno se encuentra caliente y a cubierto.
Y nosotros lo estábamos. Nos reconfortaba el fuego crepitante y resultaba agradable el ruido de la nieve y el granizo que caÃan por la chimenea. Las charlas, risas y canciones fueron subiendo de tono, hasta alrededor de las diez, momento en el que nos dispusimos a tomar la cena, consistente en potaje de alubias y empanadas con manteca, que despachábamos con gusto, pues tenÃamos el suficiente apetito como para hacerles el debido honor.