Juana de Arco

Juana de Arco

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Los ingleses respondieron solicitando una tregua de quince días para examinar la propuesta. Pero, mientras, sir John Fastolfe no tardaría en llegar con su ejército de cinco mil hombres, por lo que era imposible aceptar la oferta. Juana les replicó negándose a considerarla, pero les concedió otra posibilidad: salir provistos de sus caballos y armas blancas, siempre que desalojaran la fortaleza en el plazo de una hora. Aquellos veteranos ingleses demostraron su tozudez, rechazando el ofrecimiento generoso de Juana. En vista de la última respuesta, ella dio las órdenes oportunas para que el ejército estuviera dispuesto para el asalto a las nueve de la mañana del día siguiente. Teniendo en cuenta las duras jornadas vividas, D’Alençon pensaba que era una hora muy temprana, pero Juana defendió su postura y hubo que obedecerla. Luego, llena de entusiasmo, les animó:

—¡Trabajemos! ¡Trabajemos! ¡Dios nos ayudará en nuestra tarea!

En verdad, podría decirse que su lema era siempre el mismo: ¡Trabajo, trabajo, trabajo!… ¡seguid trabajando! Tenía razón, puesto que si aceptamos el consejo y vivimos de acuerdo con él el éxito nos sonreirá. De las varias formas de lograr el triunfo en esta vida, ninguna vale nada si no viene respaldada en un trabajo duro y tenaz.


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