Juana de Arco
Juana de Arco —Sà —repuso Juana—. Sir Talbot se lo ha pensado mejor. Su espÃritu fogoso parece haberse enfriado. Ahora se propone conquistar el puente de Meung y escapar cruzando a la otra orilla del rÃo. Él sabe que con esto abandona a su suerte la guarnición de Beaugency, pero no le queda otra salida para rehuir esta batalla, y también esto lo sabe. Pero será burlado, porque no tomará el puente de Meung. Nos ocuparemos de ello.
—En efecto —aprobó D’Alençon—. Debemos impedÃrselo. Pero ¿qué ocurrirá con Beaugency?
—Dejad Beaugency de mi cuenta, duque. Lo tomaremos dentro de dos horas y sin derramamiento de sangre.
—¡Ahora os entiendo, Excelencia! —continuó D’Alençon—. Será suficiente con que hagáis llegar a los sitiados la noticia de que Talbot los abandona, para que se rindan inmediatamente.
—Asà lo haremos. Yo me uniré a vosotros en Meung al amanecer, pero vendrán conmigo el Condestable seguido de sus mil doscientos hombres. Cuando Talbot se entere de la toma de Beaugency, la noticia le caerá como una bomba.