Juana de Arco
Juana de Arco —En un millar de años… mil años… El poderÃo inglés en Francia no se recuperará de esta derrota…
Permaneció un rato en pie, pensando, y luego se dirigió a sus generales que la aguardaban. Su cara mostraba la grandeza del momento y sus ojos mantenÃan la serenidad. Dijo:
—Amigos mÃos. ¿Comprendéis lo que ha ocurrido? ¡Francia ya está en el camino de ser libre!
—¡Y nunca lo habrÃa logrado, a no ser por Juana de Arco! —gritó La Hire, acercándose a ella ante la que se inclinó reverente. Los demás le imitaron, mientras se oÃa la voz de La Hire—: ¡Esto lo diré siempre, aunque me condenen por ello!
Luego, los batallones, uno tras otro, de nuestro victorioso ejército, pasaron ante Juana vitoreándola con brÃo:
—¡Larga vida, Doncella de Orleáns, larga vida!
Juana contestaba, sonriente, levantando su espada.