Juana de Arco
Juana de Arco Descansamos tres dÃas en Auxerre. La ciudad se encargó de alimentar al ejército y una delegación de ciudadanos cumplimentó al Rey, pero no entramos en su recinto. Después la localidad de Saint-Florentin abrió sus puertas al Rey. El 4 de julio llegamos a Saint-Fal, y más lejos, apareció ante nosotros la ciudad de Troyes, lugar de tristes recuerdos para nosotros, que de niños conocimos el vergonzoso tratado que entregaba Francia en manos de Inglaterra y a una princesa de la rama legÃtima la destinaban al matrimonio con el Carnicero de Agincourt.
Desde luego, Troyes no tenÃa la culpa de todo aquello, pero en el fondo, deseábamos ardientemente que allà se provocara algún acto inamistoso, para tener el pretexto de asediar la ciudad y quemarla.