Juana de Arco
Juana de Arco Estaba bien guarnecida de aguerridas tropas inglesas y soldados borgoñones, a la espera de refuerzos que vendrÃan desde ParÃs. Al anochecer acampamos ante sus puertas, resistiendo con vigor una salida que lanzaron contra nosotros. Entonces, Juana pidió a Troyes la rendición. Su comandante, id comprobar que no llevábamos artillerÃa, tomó a risa la propuesta y le respondió a Juana de forma grosera e insultante. Durante cinco dÃas, se celebraron consultas y negociaciones con los sitiados. No dieron resultado. El Rey, impaciente, parecÃa dispuesto a retroceder, desistiendo de la marcha. TemÃa seguir adelante sin haber conquistado aquella poderosa fortaleza. Entonces, intervino La Hire:
—La Doncella de Orleáns inició esta marcha por iniciativa propia, asà que considero que debemos seguir su criterio, y no el de otros (se referÃa a los consejeros del Rey), cualquiera que sea su estirpe y su posición en la corte.
Como las palabras de La Hire eran sensatas, el Rey envió a buscar a la Doncella, y le preguntó su opinión sobre la actitud a tomar. Juana respondió sin vacilar:
—Dentro de tres dÃas la plaza será nuestra.
El remilgado Canciller intervino, con aire de superioridad:
—Si pudiéramos estar seguros de eso, no importarÃa esperar seis dÃas.