Juana de Arco
Juana de Arco Desde su alojamiento en el palacio arzobispal, el Rey envió a buscar el «óleo santo» que servÃa para ungir a todos los reyes de Francia desde el tiempo de Clodoveo, primer monarca bautizado cristiano. El óleo se hallaba contenido en la llamada «Sainte Ampoule», pequeña redoma que según la tradición fue bajada del cielo con el fin de consagrar al rey Clodoveo, y entregada bajo custodia a Saint-Rémy, en cuya abadÃa se conservaba desde entonces. Según creencia generad, una coronación sin el óleo santo de Saint-Rémy no era válida. La entrega del frasquito se realizaba de acuerdo con un antiguo ceremonial muy estricto. De no hacerse en la debida forma, el abate de Saint-Rémy, custodio hereditario del óleo, se habrÃa negado a efectuar su entrega. De acuerdo con la costumbre, que databa de novecientos años, el Rey designó a cinco miembros de alta nobleza para que fueran a la cercana abadÃa, cabalgando ataviados con ricas vestiduras y brillantes armas, como escolta de honor del arzobispo de Reims y de sus canónigos, portadores de la petición del óleo en nombre del Rey. Cuando los cinco nobles caballeros se disponÃan a partir en cumplimiento de su misión, arrodillados, levantaron sus manos, enguantadas de hierro, y prometieron por sus vidas traer el sagrado vaso y devolverlo sano y salvo, después de haber ungido al Rey. Por fin, el arzobispo y su séquito, escoltados por los nobles, se encaminaron hacia la abadÃa-iglesia de Saint-Rémy. El ilustre arzobispo, revestido con el traje de ceremonia, se cubrÃa con la mitra y llevaba en sus manos la cruz.