Juana de Arco
Juana de Arco A la mañana siguiente apareció Juana con el fin de despedirse de los dos viejos, a los que abrazó cariñosamente, mientras todos derramaban lágrimas en presencia de las tropas. Por fin, marcharon los dos personajes, montados en sus briosos corceles, dispuestos a llevar a Domrémy las gloriosas noticias. Aunque hacían grandes esfuerzos, no presentaban una estampa airosa precisamente, puesto que eso de cabalgar era para ellos una actividad poco habitual.
La vanguardia de nuestro ejército partió muy temprano, al son de la música militar y con las banderas al viento. El segundo destacamento salió algún tiempo después. Entonces, llegaron al campamento embajadores borgoñones dispuestos a establecer algún tipo de acuerdo, y nos hicieron perder el día y parte del siguiente. No tuvieron mucha suerte, ya que ante ellos encontraron a Juana, que les hizo frente con extraordinaria firmeza. Por fin, emprendimos el camino al amanecer el día 20 de Julio y recorrimos seis leguas. Mientras tanto, el maquinador Tremouille continuaba su labor de confundir al vacilante Rey. Con el pretexto de «orar y meditar» en St. Marcoul, detuvo la marcha tres días más. Perdimos un tiempo precioso, el mismo que nos ganó Bedford que bien sabía cómo aprovecharse de estas ventajas. El problema es que nosotros no podíamos seguir la marcha sin la presencia del Rey, cosa que logró Juana, después de repetidas súplicas.