Juana de Arco
Juana de Arco Aunque no podÃa continuar la lucha, no quiso retirarse y ordenó un nuevo asalto, segura de ganar la batidla. Con mirada luminosa, dijo: «¡Tomaré ParÃs ahora, o moriré!». A la fuerza, Gaucourt y el duque D’Alençon la alejaron del peligro. Su valor brillaba como nunca. Rogó que a la mañana siguiente la llevaran al mismo lugar, ya que media hora más tarde, ParÃs caerÃa en nuestras manos. Estamos seguros de que habrÃa cumplido su promesa. Pero olvidamos un factor: el Rey, movido por esa extraña fuerza llamada Tremouille… ¡Y el rey prohibió el ataque!
Y es que, lo que son las cosas, acababa de llegar otra nueva embajada del duque de Borgoña y estaba en marcha una confabulación secreta. Como consecuencia, el corazón de Juana quedó destrozado. Entre el dolor de la herida y el sufrimiento espiritual, no pudo descansar aquella noche. Los guardias que custodiaban su habitación, la oyeron sollozar mientras decÃa: «Se podÃa haber tomado ParÃs, se podÃa haber tomado…».