Juana de Arco
Juana de Arco Por desgracia, los enemigos se estaban dando bastante prisa. La noticia de la captura de Juana llegó a París al día siguiente de ocurrir el hecho. Ingleses y borgoñones celebraron ruidosamente el episodio feliz, lanzando las campanas al vuelo en acción de gracias. Con toda rapidez, el Vicario General de la Inquisición envió un mensaje al duque de Borgoña, exigiendo la entrega de la prisionera a la jurisdicción eclesiástica, para ser juzgada como idólatra.
Los ingleses aprovecharon esta oportunidad, ya que fueron ellos los que urdieron la trama, y no la Iglesia, que fue utilizada como tapadera. La razón es simple: Inglaterra podía ejecutar físicamente a Juana, pero el tribunal de la Iglesia estaba en condiciones de eliminarla moralmente, y esto era lo que se pretendía. Matar a Juana de Arco la convertiría en heroína y mártir, mientras que declararla idólatra, bruja, hereje y enviada por Satanás acabaría con el «mito» de la «enviada del cielo» para siempre. De este modo, Juana, que era el verdadero enemigo a batir por los ingleses, iba a ser eliminada de la acción, recobrando enseguida Inglaterra su perdida supremacía militar y política.