Juana de Arco
Juana de Arco Cauchon preparó el «Procès verbal» (el atestado). Se trataba de una detallada lista de «sospechas y rumores públicos». Se empleaban estas palabras. En el documento se hacía constar la sospecha de que se consideraba a Juana culpable de herejía, prácticas de hechicería y otras ofensas semejantes contra la religión. El problema era que, según las disposiciones eclesiásticas, un proceso de estas características no podía iniciarse sin una amplia investigación sobre el comportamiento, modo de ser y antecedentes de la acusada. Esta información debía añadirse al «procès verbal», formando por parte de éste.
Como recordaréis, fue lo primero que se hizo durante el proceso de Poitiers. Volvieron a repetirlo ahora. Se envió un eclesiástico a Domrémy, con el encargo de que recabara todo tipo de testimonios sobre los primeros años de Juana, infancia y juventud, y regresara después con su veredicto. El escrito fue muy claro. Decía que había encontrado la conducta de Juana tal y como «él desearía que fuese su propia hermana». Un informe muy parecido al que resultó en Poitiers, ya veis. El pasado de la Doncella era de tal blancura, que resistía el más detallado examen.