Juana de Arco
Juana de Arco Su voz mostró cierta emoción, apenas perceptible. Yo recordé aquellos maravillosos dÃas y mis ojos se nublaron. Beaupère continuaba su táctica dilatoria, buscando aproximarse por detrás al enemigo. AsÃ, repitió una pregunta que Juana se habÃa negado a contestar: si recibió la Comunión en otras fiestas que no fueran las de Pascua de Resurrección. Juana contestó simplemente:
—«Passez outre» —Pasad a otra cosa que pueda contestar.
Uno de los jueces susurró a otro, según pude oÃr:
—Los procesados suelen ser personas torpes y confusas, presas de temor y fáciles de manejar. Pero creo que a esta niña no hay forma de tomarla desprevenida ni de asustarla.
Cuando Beaupère abordó el tema de las «Voces», que apasionaba a las gentes, todos escucharon con ansiedad e interés visibles. El juez pretendÃa confundir a Juana y lograr hacerla declarar que sus «Voces» le aconsejaron realizar actos malvados, demostrando asà que procedÃan de Satanás… eso era tanto como decir que Juana tenÃa tratos con el demonio… Conseguido este objetivo, el veredicto contra la joven serÃa claro y rápido: la hoguera acabarÃa con ella. El juez preguntaba:
—¿Y cuándo oÃsteis las Voces la primera vez?