Juana de Arco
Juana de Arco —SÃ. Le di las gracias y me arrodillé en la cama a la que estoy encadenada, junté mis manos en oración e imploré ayuda a Dios para que me diera luces y acierto al contestar las preguntas que me hacéis.
—¿Qué dijo la Voz entonces?
—Me aconsejó que respondiera con valentÃa y que Dios no me iba a dejar… —se volvió hacia Cauchon y habló:— DecÃs que vos sois mi juez. Pero yo os digo: cuidado con lo que hacéis, pues en verdad soy enviada de Dios y estáis corriendo grave peligro.
Beaupère le preguntó si los consejos de la Voz no se contradecÃan o variaban.
—No. Nunca se contradicen. Hoy mismo me han vuelto a repetir que conteste con audacia.
—¿Os ha recomendado la Voz responder solamente a parte de lo que se os pregunte?
—Sobre ese tema no diré nada. Se me han hecho revelaciones respecto al Rey, mi señor, y no las comunicaré.
Las lágrimas acudieron a sus ojos, y exclamó:
—¡Creo tan enteramente, como creo en la fe de Cristo y en la Redención, que Él me habla a través de esa Voz!
Al preguntarle detalles sobre la Voz, afirmó no tener autorización para manifestar todo lo que sabÃa.
—¿Creéis que Dios se ofenderÃa si no dijeseis toda la verdad?