Juana de Arco
Juana de Arco —La Voz me ha ordenado explicarle al Rey ciertas cosas, pero no a vos. Algunas muy recientes. La noche última, incluso. Me gustarÃa que él las conociese. EstarÃa más tranquilo.
—¿Y por qué la Voz no le habla directamente al Rey, como hizo la vez que le visitasteis? ¿Lo harÃa, si vos se lo pidieseis?
—No sé si esa es la voluntad de Dios.
Quedó ensimismada unos momentos. Luego, añadió una observación que Beaupère podÃa aprovechar en contra de Juana, para tenderle una trampa. Pero no penséis que la utilizó inmediatamente al impulso de la alegrÃa de su mente. Ni siquiera parecÃa haber escuchado sus palabras. Dejó de lado el tema y pasó a preguntar sobre otros aspectos, con el fin de rodear a Juana, y atacarla después por su flanco más débil.
Se sucedieron diversas cuestiones anodinas para distraer a la acusada: que si la «Voz» presentaba aureola de gloria, que si le habÃa aconsejado huir de la prisión, que si tenÃa ojos… A todo esto, Juana se limitó a responder:
—En todo caso, yo sin la gracia de Dios no puedo hacer nada.