Juana de Arco
Juana de Arco Aunque tuviese el don de la profecía y fuera tan valerosa en el combate, Juana también era un ser humano. Cierto que para muchos representaba la figura de una santa o de un ángel, pero también se comportaba como una persona joven de carne y hueso, con la misma sensibilidad, capacidad de afecto y de sufrimiento de una muchacha corriente de su edad. Por eso, ¡qué horrible fue su muerte! Quizá no hubiera resistido tres meses con la perspectiva de un suplicio como aquel. Recordad cómo se asustó la primera vez que la hirieron, demostrando su dolor y sus lágrimas como lo que era, una niña de 17 años. Y esto, a pesar de que supo, con 18 días de antelación, que recibiría una herida en una fecha concreta. No le temía a la muerte normal, como ella esperaba que habría de ser la suya, y por eso hablaba con gozo del momento de su «liberación», hasta el punto de que su cara, al referirse a esta profecía, expresaba felicidad y no horror.