Juana de Arco
Juana de Arco El malvado rostro de Cauchon no pudo ocultar su satisfacción ante estas últimas palabras.
—Y cuando colgabais guirnaldas de flores en el Árbol de las Hadas de Boulemont, ¿honrabais a las «Voces»?
—No.
Nueva cara de alegría en Cauchon, que pensaba acusarla de pecaminoso afecto hacia las hadas.
—Cuando se os aparecían los santos, ¿les hacíais reverencias, o bien os inclinabais hasta caer de rodillas?
—Sí, les dedicaba todo el honor y reverencia que podía.
También aquél era buen asunto para Cauchon, si lograba demostrar que las apariciones no eran santos sino demonios, y que se postraba ante satanás. Luego se abordó el tema de que Juana ocultaba a sus padres las visiones que le sucedieron. Daría mucho juego. Anotado en el libro del «Proceso» se veía el siguiente párrafo: Ocultaba las visiones a sus padres y a todo el mundo. Quizá aquella muestra de deslealtad a los padres ayudaría a demostrar el origen satánico de su misión.
—¿Y vos creéis bueno partir a la guerra sin permiso paterno? Es obligatorio honrar padre y madre.
—Les obedecí en todo, salvo en esto. Ya les pedí perdón en una carta, y me lo concedieron.