Juana de Arco

Juana de Arco

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—Solicité del duque de Borgoña que hiciera las paces con el Rey de Francia, enviando cartas y emisarios. A los ingleses la única posibilidad que les concedía era abandonar nuestro país y regresar a su tierra. Incluso a estos les llamaba a la paz antes de atacarles. Si me hubieran escuchado, habrían sido más prudentes… Pues antes que pasen siete años, lo comprobarán por sí mismos…

De inmediato, volvieron a molestarla con el asunto del traje masculino, intentando convencerla para que lo desechase voluntariamente. Nunca fui muy sagaz, y tal vez por eso no llegaba a comprender la insistencia en algo que yo consideraba tan simple como el vestuario. Ahora sí lo comprendo, pues se trataba de una de sus odiosas trampas contra Juana. Si lograban convencerla sobre la ropa, tenían pensado un plan que le causaría una inmediata ruina. Por eso machacaban repetidamente, hasta que la pobre niña, exclamó:

—¡Ya basta! ¡Callad! ¡Nunca dejaré mis vestidos de hombre si Dios no me lo ordena! ¡Ni aunque me cortéis la cabeza!

Alguna vez hizo enmiendas al «procès verbal», diciendo:

—Se me atribuye la frase «todo lo que he hecho, fue por inspiración de Nuestro Señor». No dije esto, sino «todo cuanto he hecho bien».


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