Juana de Arco
Juana de Arco Manchon también se portó con valor, aun sabiendo que arriesgaba su vida, al preguntar si debÃa tomar nota de la conformidad de Juana a someterse al Consejo de Basilea.
—¡De ninguna forma! —bramó Cauchon—. ¡No es necesario!
—¡Ah! —observó ella—, asà que anotáis todo lo que pueda ir en mi contra, pero no lo que me favorece.
Daba lástima. Cualquiera, hasta el corazón del ser más bruto, se habrÃa conmovido ante la visión de Juana. Pero Cauchon era todavÃa peor que eso.