Juana de Arco

Juana de Arco

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

La gente no tardó en preguntamos detalles del episodio. Yo me encontraba tan avergonzado, que me excusé con el primero que me preguntó y después, disimuladamente, fui andando fuera del pueblo, hasta el Árbol de las Hadas, quizá para reflexionar sobre lo ocurrido y encontrar respuesta a ciertas preguntas que me rondaban la mente. Allí me encontré con Juana, que había acudido en busca de tranquilidad, después de las felicitaciones de que fue objeto en el pueblo. Uno a uno nuestros amigos conseguían evitar a los curiosos y se unieron a nosotros en aquel refugio. Entonces rodeamos a Juana y le preguntamos cómo pudo reunir tanto valor como para hacer aquello. Respondió con naturalidad en la voz y tono de modestia, diciendo:

—No debéis darle tanta importancia a algo que no tiene nada de particular. En realidad, yo no era una extraña para ese hombre. Le conozco desde hace tiempo, y él también me conoce y le soy simpática. Muchas veces, mientras se encuentra en prisión, le he dado de comer a través de los barrotes de la celda. El diciembre pasado, cuando le cortaron los dedos como castigo por los asaltos y daños que cometió, yo le vendaba la mano todos los días, hasta que se curó.

—Sí, eso está muy bien —dijo la Pequeña Mengette—, pero no olvides que Benoist está loco y sus sentimientos de gratitud y de amistad de nada sirven cuando está furioso. Has hecho una cosa muy peligrosa.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker