Juana de Arco
Juana de Arco —¡Y yo también! —exclamó Pedro Morel—. Le iba a hacer subir a ese árbol más deprisa que… ¡Bueno, tendrÃais que ver lo que le harÃa…! Vamos, que tomarle a uno por sorpresa de ese modo… Y, además, en realidad yo nunca pensé en correr… por lo menos correr en serio… no, nunca pensé en huir en serio… Sólo querÃa divertirme un poco… Y, claro, cuando vi a Juana allà de pie y a él amenazándola con su hacha, tuve que contenerme para no ir hacia ellos y sacarle hasta los hÃgados, y la vida. Desde luego ¡quise hacerlo, y si volviese a darse el caso, lo harÃa! Si lo encuentro haciendo el tonto a mi alrededor, le…
—¡Bueno, cállate! —dijo el PaladÃn, cortándole con aire desdeñoso. Oyéndoos hablar cualquiera pensarÃa que es difÃcil hacerle frente a semejante piltrafa. ¡Vamos, hombre! ¡Pero si no es nadie! Creo que no tiene ningún mérito plantarle cara. No me gustarÃa aceptar otra diversión que hacer frente a un centenar de personas como ésa. Si ahora volviera por aquÃ, irÃa hacia él, como si tal cosa, sin importarme que tuviera mil hachas, y le dirÃa…