Juana de Arco
Juana de Arco Guardamos silencio durante algún tiempo y, tal vez, estuviéramos todos pensando lo mismo: lo cobarde que había sido nuestra reacción en aquel episodio, en contraste con el comportamiento de Juana. Intenté encontrar alguna razón aceptable para explicar mi huida, dejando una débil niña a merced de un maníaco armado con un hacha, pero las explicaciones que se me ocurrían eran tan mezquinas y ruines que preferí dejarlo y permanecer en silencio. Pero hubo algunos que no fueron tan prudentes. Noel Rainguesson se detuvo un momento y, por fin, soltó una exclamación que indicaba la marcha de sus cavilaciones:
—Lo que ocurrió es que el hecho me pilló por sorpresa. Esta es la razón. Si me hubiera dado tiempo a reflexionar, no se me habría ocurrido escapar de Benoist, ni me habría dado más miedo de él que de un recién nacido. Al fin y al cabo ¿quién es Teófilo Benoist para que yo me asuste? ¡Bah! ¡Y pensar que yo pueda tener miedo a ese infeliz! No. ¡Me gustaría que viniera ahora mismo…! ¡Ya veríais!