Juana de Arco
Juana de Arco En tales condiciones, Manchon se negó a acudir id lugar donde se le requería. Aclaró que sin un salvoconducto de Warwick no se movería de su casa. En efecto, a la mañana siguiente nos enviaron una escolta de soldados y, protegidos por ellos, nos dirigimos a la prisión. Los ánimos, lejos de serenarse, parecían más excitados que nunca. Los guardias nos amparaban de los ataques físicos, pero no de los insultos y amenazas que nos lanzaba la multitud a nuestro paso. Según mi criterio, todos aquellos energúmenos podían considerarse muertos una vez triunfara el ataque próximo, destinado a liberar a Juana, que no tardaría mucho en producirse.