Juana de Arco
Juana de Arco Entonces, Juana declaró que nunca fue su intención renunciar a sus creencias, pero que Si lo hizo —prestad atención al condicional—, «si hice alguna retractación en el patÃbulo fue por miedo al fuego, y, por tanto, sin valor para alterar la verdad que ahora declaraba». Es evidente que no se dio cuenta exacta de sus palabras junto a la pira, hasta que sus Voces se lo hicieron ver más tarde. A continuación, dio por terminado el doloroso episodio con un tono de patetismo en la voz, como profundamente cansada de aquella lucha:
—Prefiero cumplir mi condena cuanto antes. Permitidme morir. No puedo soportar más tiempo este cautiverio.
Aquel espÃritu, nacido para vivir a la luz del sol y en libertad, ansiaba tanto abandonar la horrible prisión, que estaba dispuesta a conseguirlo a cualquier precio, aunque fuera la muerte. Al contemplar la escena, algunos jueces se mostraron abatidos, muy tristes y apenados. Al bajar al patio de la fortaleza, nos encontramos al conde de Warwick reunido con un nutrido grupo de ingleses, que aguardaban impacientes las noticias. En cuando los vio Cauchon, se dirigió a ellos con aire triunfante y riendo. Podéis imaginarlo… un hombre que aniquila a una pobre muchacha desamparada y encima tiene humor para reÃrse de su hazaña:
—¡Tranquilizaos! —les dijo—. ¡Todo se ha perdido para ella!