Juana de Arco
Juana de Arco —¿Cuándo será?
Se oyeron los sones de una campana tañendo a lo lejos.
—Ahora. El momento está próximo.
Volvió a estremecerse.
—¡Es tan pronto…! ¡Ah, es tan pronto…!
Los tañidos de la campana volvieron a escucharse en el silencio de la celda. Permanecimos quietos, sin hablar. Hasta que Juana preguntó:
—¿Cuál será la forma de la muerte?
—La hoguera.
—¡Me lo suponÃa!
Se puso bruscamente de pie, conmovida, y después sollozó desconsoladamente. Nos miró a todos, uno a uno, como suplicando ayuda y afecto… ¡pobre Juana! ¡Ella que nunca desamparó a nadie, incluyendo a los enemigos heridos en el campo de batalla!
—¿Por qué me tratan con esta crueldad? Hoy mi cuerpo será reducido a cenizas ¡PreferirÃa que me cortaran la cabeza siete veces, antes de sufrir la pena del fuego! Cuando abjuré, prometieron llevarme a una cárcel de la Iglesia, y si me hubieran conducido allà en lugar de seguir en manos de mis enemigos, no me habrÃa ocurrido esto. ¡Invoco a Dios, como buen Juez Supremo, contra la injusticia que se comete conmigo!