Juana de Arco
Juana de Arco —No hay más que un camino para que Francia disponga de una oportunidad de salvarse. Tenemos al menos un caballero entre nosotros. ¿Por qué no cambia «El Estudiante» de nombre y de condición con el PaladÃn? Entonces, éste no tendrÃa problema para ser oficial. Francia lo mandarÃa llamar y entonces, él arrollarÃa a todos esos ejércitos borgoñones e ingleses, empujándolos hacia el mar como si fueran moscas.
El Estudiante era yo. Ese era mi apodo, porque sabÃa leer y escribir. Ante estas palabras, hubo un murmullo de aprobación, y el Girasol dijo:
—Eso está bien. Asà se arreglarÃa todo. El Caballero de Conte aceptará con facilidad la propuesta. SÃ, marchará tras el capitán PaladÃn y morirá pronto, cubierto con la gloria de un soldado raso.
Al oÃr tales palabras, Juana de Arco murmuró:
—No. El Caballero de Conte marchará con Juan y Pedro, y vivirá hasta que estas guerras se hayan olvidado. A última hora, se les unirán Noel y PaladÃn, pero no será por su propio deseo.
La voz era tan baja, que yo no podrÃa asegurar que fue eso lo que Juana dijo, pero a mà me lo pareció. Escuchar tales cosas me hacÃa estremecer.
—Bueno, pues ahora —prosiguió Noel— ya lo tenemos todo resuelto. No queda nada más que hacer, salvo alistarse bajo la bandera de PaladÃn y salir dispuestos a rescatar a Francia… ¿iréis todos?